Ser voluntarias /os en el ámbito penitenciario

marçMARIA ELENA ALFARO
Vicepresidenta FCVS
Directora Fundació Ared

 

Ser voluntarias/os en el ámbito penitenciario, es, como nos definen las mismas personas privadas de libertad, ofrecer “aire fresco”, o facilitar “que los miércoles (el día de nuestra acción voluntaria) durmamos mejor”. Si valoran la frescura del aire es porque intercambian confianza, se relacionan desde sus mejores aspectos, ponen a disposición de los voluntarios sus valores de cuidado e interés por los otros, elaboran proyectos, sueñan con un futuro nuevo, y comparten sus sueños.

Entrar en un centro penitenciario con una triple misión: relacionarnos con los internos, relacionarnos con el sistema, y a la salida, relacionarnos con nosotros mismos y con la sociedad que construimos todos juntos, con un mensaje de libertad y de esperanza: hemos compartido un trozo de sus vidas, de sus sufrimientos, de sus ilusiones y proyectos. Y al salir, llevamos este relato a la sociedad, que estamos convencidas, no es más solidaria, muchas veces por desconocimiento. Relato del esfuerzo que realizan para convivir cada día, y a lo largo de muchos años, con personas que no eligieron, con compañeros de camino que no escogieron.

Las mujeres suelen quedarse más solas, pocos hombres las visitan. También aquí se reproducen las desigualdades de género

Salir de un centro penitenciario para en el camino de regreso a casa, valorar todos y cada uno de los detalles vividos en el interior; miradas, gestos, luchas, valores, intuiciones, profesionales que los acompañan, retos que se plantean, humanidad desplegada, sensación de escaso valor personal, ardua tarea de reconstruir identidades. Y es la propia existencia la que poco a poco se va transformado, valorando la libertad, y agradeciendo las oportunidades que hemos tenido en la vida, para no haber tenido la ocasión de caer en algún delito definido como tal, por nuestro Código Penal.

Los días que transcurren antes de volver a entrar están llenos de compromisos y “deberes”: contacto con familiares, algunos están a miles de kilómetros, otros están en Catalunya pero alejados desde el corazón, los hombres suelen recibir mejores respuestas (son las mujeres quienes los visitan: abuela, madres, esposas, novias, hijas, amigas, hacen el esfuerzo de ir a visitarlos) las mujeres suelen quedarse más solas, pocos hombres las visitan. También aquí se reproducen las desigualdades de género. Pequeños recados, que para ellos son de vital importancia: que si 10 euros en el peculio, o un abrigo que abrigue en las horas de patio y soledad.

El contacto con los profesionales tanto con los encargados de su seguridad, como los que son corresponsables de su rehabilitación y su reinserción, está teñido todo él por la palabra colaboración. Da gusto conocer funcionarios que participan de ese “aire fresco” que llevamos los voluntarios: días diferentes, días de fiesta, comidas y menús diseñados por ellos “con un atún que se note” o con la soñada “Seven up” que hace años no prueban, con jamón ibérico, o un menú especial que diferencia gustos y necesidades. Funcionarios, educadores y trabajadores sociales que conocen a los internos, y buscan las mejores alternativas para sus salidas y permisos, personal comprometido que detecta necesidades y se suman a colaborar.

Echamos en falta que el Departament de Justícia de la Generalitat ceda un espacio ‘oficial’ de interlocución a la FCVS

Personal del Centro que valora y agradece la significativa colaboración de las entidades del tercer sector creadas para la personas privadas de libertad, que se alegran con nuestra llegada, que preparan los espacios para desarrollar la acción voluntaria, que solidariamente comprar los productos elaborados por los internos y contribuyen así a su subsistencia. Que hacen más porosos los muros de la prisión, para que entre más aire fresco todavía.

Centros Penitenciarios que nos dan la bienvenida en las Taulas de Participación Social porque están convencidos de la riqueza que aportamos las entidades con voluntarios; que necesitan sumar manos y miradas al tratamiento de cada una de las cientos de personas que allí viven y conviven, que nos consideran imprescindibles para mejorar la calidad del servicio ofrecido, un servicio que conduzca al mandato constitucional: la rehabilitación y la reinserción social. En ese sentido, echamos en falta que el Departament de Justícia de la Generalitat ceda un espacio ‘oficial’ de interlocución a la FCVS: son muchos los años que llevamos colaborando, impartiendo formación al voluntariado penitenciario, y proponiendo políticas penitenciarias que cuenten con el valor añadido del voluntariado, sin hallar aún el sitio idóneo de reconocimiento a nuestra aportación e incidencia.

Voluntarias y voluntarios jóvenes que se dejan contagiar por nuestra pasión y nuestra razón de ser. Que están esperando cumplir la mayoría de edad, para poder entrar en un centro, y observar con la mirada nueva, como lo hacía el día de la Mujer trabajadora en el Centro Penitenciario de Brians Esther, la voluntaria más joven de Ared y comentaba: ”he observado caras con mucho sufrimiento, mujeres que no han tenido oportunidades, y qué jóvenes son!!”

Voluntarias y voluntarios que reciben una formación inicial y una formación específica para ser una pieza clave en llegar a la meta que indica la Constitución. Voluntarios que tantas veces han pensado en voz alta: yo podría estar en su lugar y no lo estoy.

Trabajamos sin cansancio por un mundo donde las prisiones se minimicen, o tal vez no hagan falta.

 

Esther y tantos jóvenes voluntarios que serán nuestro relevo generacional. Las prisiones están llenas de personas que no han tenido nuestras oportunidades; muchas personas privadas de libertad entran una y otra vez por la misma puerta porque no encuentran una mano firme que les ayude a dejar la droga y otras dependencias, porque no tienen nadie que les espere a la salida, porque no tienen familia, porque encuentran desconfianza y prejuicios de peligrosidad que los retorna, porque otros siembran miedo, y muchos buscan seguridad.

Entidades sociales y mundo empresarial que dedicamos todos nuestros esfuerzos a ofrecer oportunidades para organizar la vida alrededor del concepto de ciudadanía de pleno derecho. Empresas que valoran la calidad humana y profesional y la capacidad de superación de las personas que están o han estado privadas de libertad. Lento trabajo de mejora de la ocupabilidad para llegar al final del camino tan soñado: conseguir y mantener un empleo. Entidades y empresas que desde la gratuidad de la solidaridad, vamos quitando estigmas y prejuicios de exclusión y riego para los demás.

Voluntarias y voluntarias que sin dejar de ver las dificultades que trae aparejadas su compromiso en el ámbito penitenciario, y poniendo nuestro sentido crítico a funcionar, tomamos las decisiones siempre a favor de los internos, superamos las dificultades con las que nos encontramos y soñamos con lemas como el del Grup 33 “Otra Prisión es Posible” o es aún más: trabajamos sin cansancio por un mundo donde las prisiones se minimicen, o tal vez no hagan falta.

 

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